Informe San Vicente

Dos días atrás aparecieron de improviso en el pueblo cuatro marineros de la Armada chilena con uniforme oficial. Presentaban fuertes dolores, alucinaciones, náuseas y vómitos. Los mantuvimos aislados durante una semana antes del primer interrogatorio. Nos rogaron que los ayudáramos, que le diéramos aviso al alto mando de su extravío o sufrirían castigo por deserción. Cuando supimos que eran sobrevivientes del “Experimento San Vicente”, extremamos la seguridad y llamamos a nuestros médicos para una evaluación. Bush está a cuatro días de entregar el poder y sabemos que una mujer o un hombre de color no son la mejor expectativa para una organización como la nuestra.
Les prometimos enviarlos de regreso a 1943 con cuatro condiciones:
-Que le avisaran a (borrado en el original) de ciertas conductas impropias de parte de (borrado en el original) para que tomara las providencias necesarias.
-Que pintaran un círculo rojo en el pavimento frente al puente pío nono.
-Que asesinaran a Manuela Garrido Puente, una niña de 9 años.
-Que arrojaran una caja de madera vacía al mapocho el 23 de octubre de 1952, a las 3 de la tarde.
Les dimos las gracias, los abrazamos, le pedimos a los médicos que les inyectaran el virus del SIDA y los enviamos de regreso a las tres de la mañana en medio de una nube verdosa fluorescente que iluminó todo el costado del cerro Manquehue. Ahora estamos sentados, esperando algo.
–
EXPERIMENTO SAN VICENTE
Los antecedentes son por todos conocidos. Aunque en 1882 hubo un cese de las hostilidades entre nuestro país y la actual Republica Andina del Perú y Bolivia, las diferencias por la frontera norte han continuado con o sin uso de armas. La carrera armamentista en el cono sur nos ha llevado prácticamente a la ruina. Mientras Europa aprendió las lecciones de 1914 y hoy vive en una plácida y estable mancomunidad, acá continuamos portándonos como animales celosos de su territorio. Y tuvimos miedo, era normal que lo sintiéramos, más aún tras los eventos del 39. La alianza de Perú con Alemania garantizó una renovación total de su flota para 1941. Doce submarinos U-Boot traspasados a la marina andina, un portaaviones clase Graff Zeppelín bautizado Almirante Grau y sobre todo la nueva nave insignia, el acorazado Huascar, buque hermano del Bismark y el Tirpitz, ambos al servicio de la flota de Europa Unida. Tal poder de fuego, no sólo le dio a Lima la marina más poderosa del Pacífico sur, sino que nos puso ante la realidad de estar en una más que obvia desventaja frente a un ataque sorpresa de parte del Perú. Fue entonces cuando apareció el Dr. Reno, un físico norteamericano avecindado en Chile, profesor de la Universidad de Chile, quien ofreció al Ministerio de Defensa la creación de un arma naval definitiva, sin necesidad de invertir en la compra de nuevos barcos. Reno sostenía que el futuro de la guerra marina no estaba en el poder o el tamaño de los barcos, sino en el uso de nuevas tecnologías capaces de confundir y burlar al adversario. Su propuesta apuntaba al uso militar de la teoría del campo unificado de Einstein, en palabras simples, un generador capaz de curvar la energía luminosa alrededor de un barco para hacerlo invisible. Si nuestras viejas corbetas no podían ser vistas por el enemigo, daba lo mismo el poder de fuego que ostentara el Peru, la sorpresa estaba de nuestro lado. Y en un futuro conflicto, la sorpresa era el factor que siempre inclinaría la balanza. El 23 de Julio del año pasado (1943) comenzamos las pruebas en la bahía de San Vicente, Talcahuano, cerrada al tráfico mercante y civil. La Armada facilitó el viejo Acorazado Latorre para que probáramos en él, la teoría de Reno. Se desmontaron las torres de popa, donde se ubicó el generador diseñado y construido por un departamento especial de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile. El primer experimento fue desarrollado a las 06:00 del día antes mencionado. Minutos después de activarse el generador, el Latorre fue cubierto por una luz verdosa, sin embargo las quejas de nauseas uy mareos de parte de la tripulación obligaron a suspender la operación. El experimento fue retomado el 28 de octubre, en el mismo lugar. En esta ocasión Reno insistió en que el generador fuera operado al máximo de sus prestaciones, asegurando que así se evitaría el malestar de la tripulación. Y fue allí cuando sucedió. Un destello, un relámpago azul y el Latorre desapareció… Para reaparecer cerca de la bahía de Valparaíso, donde se materializó por unos segundos antes de regresar a San Vicente. No sabemos que ocurrió, los informes y las conclusiones fueron guardadas por la inteligencia naval, pero si hemos contada de algunas consecuencias, como la desaparición de personal que estuvo en el Latorre aquel día. Hasta nueva orden, los experimentos de Reno han sido suspendidos.
Tunguska, by Caballo Negro

vía Caballo Negro
Movimiento
“Todo lo que se dice en este blog es cierto.
Porque si digo la verdad, todos se darán cuenta del brillo inconfundible con que se destaca en medio de un discurso, prístina y transparente, como la mejor elaborada de las mentiras.
Porque si miento, alguna hebra de verdad siempre quedará expuesta al escrutinio.
(Aunque si digo la verdad, de todas maneras alguien desconfiará).
A veces la verdad es la mejor manera de esconder los hechos. Aunque la grite a los cuatro vientos, nadie la creerá.
Todo lo que se dice en este blog es mentira. ”
(Daniel López)
UcroniaChile debió ser cambiado de sitio al sufrir el saboteo de su base de datos. Perdimos muchas entradas, algunos meses de colaboraciones y un par de direcciones. Se le pide a aquellos que no recibieron el correo de re-invitación y que participaban del blog en su sitio anterior, por favor ponerse en contacto con la administración.
La Historia es nuestra y la hacen los pueblos.
Nos levantaremos sin problemas, sobre todo en este año que verá nacer el primer tomo de UcroniaChile, el libro.
Un abrazo a todos.
Santiago

Nadie los vio venir. Solo unos silbidos lejanos, que fueron haciéndose cada vez más audibles. Un rumor que hizo que los santiaguinos salieran a sus balcones buscando un lejano avión, o un temblor quizá, de esos tan comunes en estas tierras. De pronto esos mismos santiaguinos se vieron envueltos en monstruosas bolas de fuego que los calcinaron de golpe, a ellos, a sus familias, a barrios completos. Decenas de explosiones prácticamente al unísono barriendo la capital en puntos estratégicos y relevantes. Un zeppelin cruzó la capital lanzando una proclama por altoparlantes que nadie entendió. Dos F-16 de la Fuerza Aérea chilena atravesaron el cielo capitalino de lado a lado y tres segundos después el zeppelin estalló ruidosamente en el aire. Nunca se supo quiénes habían sido, qué armas usaron, ni cuáles eran sus reivindicaciones. Los restos del zeppelin fueron cuidadosamente recogidos por agentes de la NSA y especialistas de investigaciones de Chile, y trasladados a Washington de inmediato.
El trazado de las explosiones formaron la palabra EMETH.
Restos de periódicos que cayeron del zeppelin contenían una fecha: 1932.
El gobierno desvirtuó la autenticidad de esos papeles denunciando un montaje.
–
Imagen ®Carlos Eulefi
..