Informe San Vicente

Dos días atrás aparecieron de improviso en el pueblo cuatro marineros de la Armada chilena con uniforme oficial. Presentaban fuertes dolores, alucinaciones, náuseas y vómitos. Los mantuvimos aislados durante una semana antes del primer interrogatorio. Nos rogaron que los ayudáramos, que le diéramos aviso al alto mando de su extravío o sufrirían castigo por deserción. Cuando supimos que eran sobrevivientes del “Experimento San Vicente”, extremamos la seguridad y llamamos a nuestros médicos para una evaluación. Bush está a cuatro días de entregar el poder y sabemos que una mujer o un hombre de color no son la mejor expectativa para una organización como la nuestra.
Les prometimos enviarlos de regreso a 1943 con cuatro condiciones:
-Que le avisaran a (borrado en el original) de ciertas conductas impropias de parte de (borrado en el original) para que tomara las providencias necesarias.
-Que pintaran un círculo rojo en el pavimento frente al puente pío nono.
-Que asesinaran a Manuela Garrido Puente, una niña de 9 años.
-Que arrojaran una caja de madera vacía al mapocho el 23 de octubre de 1952, a las 3 de la tarde.
Les dimos las gracias, los abrazamos, le pedimos a los médicos que les inyectaran el virus del SIDA y los enviamos de regreso a las tres de la mañana en medio de una nube verdosa fluorescente que iluminó todo el costado del cerro Manquehue. Ahora estamos sentados, esperando algo.
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El lamento de Lola Keipja
Lola Keipja despertó de su largo sueño y se sintió sola. Vagó por la tierra que Kenós les había heredado y se dio cuenta de que no era la misma, el cielo estaba más gris, el agua más turbia y el sol más apagado. Lola Keipja lloró durante tres noches seguidas un lamento olvidado. Lola Keipja sintió rabia y rogó de pie, con las manos al cielo para que Kenós hablara con su padre Timáukel y su madre Só’onh y vengaran la desaparición de los selk’nam. Só’onh, la madre cielo, sopló con fuerzas inusitadas que derribaron a Lola Keipja. Kenós bajó, otra vez, en una cuerda que no se cortó, tomó a Lola Keipja en sus brazos y la elevó junto a él. Kenós le habló en el oído y le dijo que el pájaro de hierro intruso caería en venganza de la tierra ocupada por el extranjero. Un avión cae en medio de una cancha de fútbol. 11 muertos hay a la fecha y Só’onh sigue soplando.
Descripción de un personaje del fándom chileno*
Sebastián Gúmera, que antaño -en los buenos tiempos del fandóm- firmó con el seudónimo de Alseides algunos cuentos de lírica y somnolienta ciencia ficción, es el fruto contradictorio de un alemán descolorido y una chilena bruna. Agreguemos a ese doble origen una educación en un miserable colegio público y una civilización literaria, y quedaremos menos que sorprendidos -ya que no satisfechos y edificados- de las extravangantes complicaciones de su caracter. Sebastián tiene la frente pura y noble, brillantes los ojos como gotas de café, la nariz inquieta y burlona, los labios imprudentes y sensuales, el mentón despótico y cuadrado, la cabellera preciosamente rafaelesca. Es a la vez un holgazán completo, un ambicioso triste y un ilustre desdichado; pues apenas si ha tenido en su vida más que ideas a medias. El sol de la pereza, que resplandece sin tregua en su interior, le evapora y devora esa mitad de genio con que lo dotara el cielo. Entre todos esos grandes hombres a medias que he conocido en el terrible fándom santiaguino, Sebastián fue, más que cualquier otro, el hombre de las grandes obras frustradas; escritor, cantante, ilustrador, pareciera no existir oficio creativo que no hubiese intentado desempeñar siempre con magros resultados, porque su talento brillaba mucho más en su persona que en sus obras. Criatura fantástica y enfermiza, hacía las dos de la mañana y con unos tragos de más en el cuerpo siempre se me apareció como el dios de la impotencia -dios hermafrodita y moderno-, impotencia tan colosal y enorme que llega a ser épica. *Extraído de LUIS VARGAS SAAVEDRA. Emecé Cuadernos de La Quimera 142, La fanfarlo, traducción de Daslav Merovic, Chile, 2028, pág.144
ZOMBIE 85
México: El 19 de septiembre de 1985 a las 07:19 hrs, un sismo de intensidad máxima del grado 8.1 en la escala de Richter se sintió en la zona centro de México.
Chile: El 3 de Marzo de 1985 a las 19:47 hrs, un sismo de intensidad máxima del grado 7,7 en la escala de Richter se sintió entre la II y la IX regiones del país.
México: La zona más afectada fue El Distrito Federal.
Chile: La zona más afectada fue San Antonio (V Región).México: Los daños materiales se calcularon en 4.000 millones de dólares.
Chile: Los daños se avaluaron en 1.046 millones de dólares.
México: El recuento final de víctimas arrojó el saldo de 35 mil muertos (aunque hay fuentes que aseguran que la cifra rebasó los 40 mil).
Chile: El recuento final de víctimas arrojó el saldo de 177 muertos.
México: Los muertos permanecieron muertos.
Chile: Los muertos se levantaron de entre los escombros exhibiendo conductas antropófagas.
SEA HARRIER
La noche del 6 de junio de 1994, los tripulantes del mercante peruano Abtao vieron aparecer un cazabombardero de la FACH sobre sus cabezas y posarse aparatosamente sobre la cubierta de su barco. El piloto, a punto de quedarse sin combustible, realizó una maniobra desesperada y consiguió atravesar el Sea Harrier sobre unos contenedores y una vieja furgoneta. La escena duró apenas 30 segundos y entró en la Historia como el primer aterrizaje de un caza militar sobre un buque civil en alta mar. En las horas siguientes, el avión sería trasladado a El Callao y retenido por la tripulación durante varios días.
Cuando vieron salir al piloto, los marineros del Abtao no daban crédito a lo que acababa de suceder. Maquieira comprobó que todo estaba en orden y se presentó a la tripulación. Sin embargo, el capitán, que tenía que cumplir con sus horarios, ordenó afianzar el caza a la cubierta y continuar rumbo a El Callao, adonde se dirigía con su carga.
En los siguientes minutos, la noticia de que uno de sus cazas se hallaba en la cubierta de un carguero civil llegó hasta el Almirante Latorre y su capitán, el Almirante Salvador Irribarra (figura clave en la victoria chilena en la guerra de los 3 días de 1979) comenzó a emitir señales de radio con la intención de desviar al Abtao hacia Valparaiso. Pero el capitán peruano respondió no sentirse intimidado por el portaaviones chileno por lo que seguiría su curso. Unas horas después la noticia llegó a los medios de comunicación y la tensión fue creciendo por momentos.
Tres días después, el mediodía del jueves 9 de junio, el Abtao entró en el puerto de El Callao ante la presencia de centenares de curiosos, con el Sea Harrier atado en su cubierta. A lo largo de los siguientes días el Canciller Allende comenzó las gestiones por parte del Gobierno Chileno para recuperar el cazabombardero comprometiéndose a recompensar a la tripulación del Abatao por los riesgos sufridos. De hecho, aunque la maniobra de Maquieira fue considerada heroica, supuso un auténtico peligro para los marineros peruanos: un sobrepeso sobre la cubierta podía haber alterado los centros de gravedad y haber enviado el barco a pique, por no hablar de los daños que podía haber producido el calor de los motores.
Al cabo de varios días, la situación comenzó a ser muy incómoda para la tripulación, que llegó a amenazar con encadenarse al avión (desarrollado a partir del Hawker Siddeley Harrier) como única garantía de que se cumpliera el compromiso de pago. De hecho, ante la falta de noticias, aseguraron que no permitirían el desembarco del avión hasta que no se les garantizara una compensación.
Finalmente y tras el compromiso personal de la Presidenta Marín de cancelar el monto estipulado, la autoridad portuaria ordenó el desembarco del avión bajo la amenaza de utilizar la fuerza. El día 20 de julio, a las 16:40 horas, una grúa de la compañía auxiliar del puerto sacó el Sea Harrier del Abtao y lo depositó sobre la cubierta del crucero chileno Prat .
Según publicaron algunos medios, como el diario La República, la tripulación llegó a recibir unos 3,6 millones de nuevos soles de la época como premio por el rescate. Luego de su surrealista hazaña, el piloto chileno Maquieira declaró que abandonaría la Fuerza Aérea para dedicarse a la poesía.

